SPLASH - Sagunt Comic Festival | Premios Splash
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Premios Splash

Premio UNA VIDA DE VIÑETAS

Josep Maria Beà

(Barcelona, España, 11 de marzo de 1942) es un autor de cómics, ilustrador y novelista, formado en la agencia Selecciones Ilustradas y que destacó por sus historietas de terror para la editorial estadounidense Warren Publishing en los años 1970 y de ciencia ficción y fantasía surrealista a principios de los años 1980. Firmó también con variaciones de su nombre, como José Beá, José Mª Beá, y con seudónimos como Norton o Sánchez Zamora, mediante los cuales abordó el cómic erótico o de serie negra. Es, en cualquier caso, uno de los historietistas más importantes del denominado boom del cómic adulto en España y el primer autor español en poder desarrollar y dibujar sus propios guiones en los Estados Unidos.

A través de su padre, a los 13 años de edad empezó a acudir los jueves por la tarde (día de fiesta en su colegio) a la agencia Selecciones Ilustradas dirigida por Josep Toutain, donde tras pasar una de las novatadas que tan frecuentes eran en aquel estudio (se le hizo creer que tendría que dejar que un boxeador le diera una paliza), Rafael López Espi y Tunet Vila lo tutelaron. Al año siguiente, tras dejar el colegio entró a formar parte de la primera plantilla de dibujantes de Selecciones Ilustradas. Durante varios meses se le encargó copiar y copiar dibujos de autores como Dan Barry, Stan Drake, Harold Foster, Alex Raymond o Frank Robbins para madurar su estilo, hasta que empezó a foguearse en trabajos dirigidos al mercado francés y británico. Posteriormente creó una serie de ciencia ficción con guiones de Blay Navarro: Johnny Galaxia (1959-61), luego rebautizada como Space Ace, que, en palabras del propio autor, constituía «un trasunto de Flash Gordon de Barry pero en casposo», aunque se vendió a muchos países. Tras un periplo pictórico en París de tres años, Beà regresa a Barcelona y comienza su fructífera carrera con Warren Publishing – el editor James Warren- en la mítica cabecera Eerie amoldándose al género de terror.

Ya en plena efervescencia artística y editorial en España (lo que se llamó el “boom” del cómic del que Beà fue protagonista destacado), fundó un estudio con Manel Ferrer y con el seudónimo de Norton realizó historietas erótico-cómicas cortas entre 1975 y 1977 para las revistas El Papus y Eh!, Mata Ratos y Muchas Gracias de Editorial Garbo a un ritmo de una 10 páginas semanales. Por un par de estas, fue condenado en 1980 a seis años de inhabilitación por un delito de escándalo público, viéndose en la necesidad de falsear las fechas de sus trabajos para poder seguir publicando hasta que le llegó el indulto en 1983.

En 1979 se le requirió para trabajar en Comix Internacional y 1984 por el propio Josep Toutain que ahora buscaba lo que llamaba «el punto Beà», ese toque de excentricidad que antes los alejaba. En esta revista publicó Historias de taberna galáctica, una serie limitada de ciencia-ficción que le encumbró definitivamente y con la cual ganó el Premio a la Mejor Obra que el Club Amigos de la Historieta le entregó en la primera edición del Salón del Cómic de Barcelona. También publicó En un lugar de la mente (1981-82).
En 1982 fundó con Luis García, Alfonso Font, Carlos Giménez y Adolfo Usero, la revista Rambla, de la que fue co-director, constituyendo en 1983 la empresa García/Beà Editores. En Rambla serializó La esfera cúbica y, ya en 1983, la fantástica La Muralla y la autobiográfica Siete vidas, además de otras obras bajo heterónimos como Las Percas, Sánchez Zamora (El estado de Joey, 1984), Pere Calsina, Sito o J. M. (Gustoso Accedo Jr.) , todos con un estilo diferente, para cubrir las ausencias que se iban produciendo. Además de ello, realizó el guion de Androstar para Marco y secciones como Laboratorio.

Harto de Rambla, constituyó en 1985 el sello Intermagen, que editó La Técnica del Cómic, un manual publicado en forma de coleccionable para quioscos, obra suya y de Pascual Ferry; varios álbumes recopilatorios de su obra anterior, y las revistas para adultos Caníbal y Gatopato, y para niños Chucho Larguirucho y Monstruos & Co./Bichos (1986).
Posteriormente colabora con Zona 84 o la Editorial Iru (El Cuervo, El Pachá) abandonando el cómic ante la imposibilidad de ganarse la vida con él. Así, aconsejado por Andreu Martín inició una serie de novelas juveniles de tema fantástico compuesta por Andar entre las estrellas (1994), Si pudiera recordar (1995), Más allá de la luz (1996) y Fugitivos de la razón (1997), todas editadas por Anaya, y finalmente Un lugar en mis sueños (1998), que lo fue por SM.

En 1989 realizó la serie de televisión Doctor Vapor, Maestro Inventor, compuesta por 26 capítulos de 3 minutos de duración. Se trataba de «una especie de Inventos del TBO en la que ideaba artilugios extraños» y fue emitida exclusivamente en el programa Plàstic de la TV3. Otros proyectos, como la adaptación de sus Historias de taberna galáctica no llegaron a buen puerto.
Ha creado también la empresa Digital Art con su antiguo discípulo Jaime Martín, dedicada a la ilustración hipermedia, la realización de publicidad y de storyboard0,s como el de la película La ciudad de los prodigios (1999).
En los albores del nuevo siglo, se asiste también a una cierta recuperación de su obra historietística, con la reedición de algunas de sus obras más conocidas por parte de Ediciones Glénat, comenzando por En un lugar de la mente en 2001 e Historias de taberna galáctica en 2002, y con la concesión del Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona en la edición de 2003, un galardón que le premiaba por toda su carrera. En estos años se ha mostrado, sin embargo, más interesado por la música electrónica y de ahí que la reedición de 2008 de su obra La esfera cúbica haya incorporado música compuesta ex-profeso por el autor y Sergi Puertas. Puertas es también el responsable de una antología titulada Poesía para bacterias (Cuerdos de atar, 2008), en la que se presenta algún que otro ejemplo de la poco conocida obra poética de Beà. Finalmente, nuestro autor ha abordado la realización de lo que denomina «artefactos electroacústicos de absoluta inutilidad».

Premio Mejor obra internacional

Marcello Quintanilha

Marcelo Quintanilha está considerado uno de los mejores narradores gráficos brasileños. Su anterior trabajo, Tungsteno, un thriller contado a tiempo real, le supuso los primeros elogios y reconocimientos de la industria y crítica europea, ganando el premio Fauve Polar SNCD del Festival de Angouleme. Trabajo que tendrá para el 2017 una versión cinematográfica.
En Talco de Vidrio, el autor cambia de registro para asomarse con gran acierto al mundo de los celos, las clases sociales brasileñas y la insatisfacción profesional y personal de una odontóloga llamada Rosángela. La exploración sobre la condición humana es precisamente el mejor acierto de esta novela gráfica. Lo que realmente esconde una vida marital, social, deontológica, cuando la persona que, en apariencia, posee una vida casi perfecta, se encuentra atrapada en algo que no desea y acaba repudiando. Sentimientos universales que, de esta forma, encuentran complicidad en el lector.

A través de diálogos internos, Quintanilha nos transmite esas insatisfacciones a través de la figura de la doctora. Pensamientos que siempre empiezan y finalizan e la figura de su prima, una linda mujer a la que la vida ha maltratado hasta la fecha y que pertenece a una rama familiar por debajo de su estatus social.

El dinero no da la felicidad sería un buen argumento para explicar esas insatisfacciones tan palpables en este relato. La burguesía brasileña mostrada en sus moradas en contraposición al proletariado carioca que vive en lugares humildes y donde los trenes pasan por mitad de las poblaciones. El detonante de un gesto, una sonrisa, esa comparación vital trasladada a una foto antigua, son detalles pequeños que truenan con fiereza dentro de la cabeza de Rosángela.

Es ese título “Talco de vidrio” el que hace una referencia clara a la fragilidad de las cosas que nos rodean, a un mundo propio que siempre está a un paso de cambiar radicalmente, a dejarnos con la sonrisa torcida. Otra metáfora de la profesión del personaje principal.

Premio Mejor obra Nacional 2016

Antonio Altarriba y Kim

“Cuando nací (en 1918, en Pozuelo de la Orden, Valladolid), mi madre murió en el parto. Y mi padre, que estaba muy enamorado de ella, me quiso matar”, contaba Petra sin dramatismo y con total naturalidad, y añadía: “Mi hermana Florentina me arrancó de los brazos de mi padre, de no ser por mi hermana hubiera muerto al nacer”.

Petra fue la madre de Antonio Altarriba y “El ala rota”, Premio Splash Mejor novela gráfica nacional 2016, es la historia de su vida. Sí “El arte de volar” (Premio Nacional del Cómic 2010) se encargó de su padre Antonio, en una biografía que recordó a otros muchos españoles del bando perdedor de la guerra civil, la historia de Petra completa un díptico familiar que alcanza a la mujer española de la época. Sumisión, anclaje a trabajos familiares no remunerados, invisibilidad social, religiosidad tradicionalista y voces silenciadas forman parte de una sociedad marcadamente rural que se perpetuó en ciudades encajonadas por la ideología franquista. Quizá en Zaragoza –donde se sitúa buena parte del relato y donde nace Antonio- con más motivo puesto que estuvo asediada por el ejército republicano y su ambiente interno estaba más radicalizado a favor de Franco que otras grandes urbes españolas.
KIM ha vuelto a ser el dibujante que otorga vida a estos personajes y situaciones y de nuevo expone toda su maestría –en blanco y negro- para que la narración fluya de la mejor manera. Sí conjugar una obra maestra es algo complejo, algo que escapa a sus autores mientras confeccionan ese trabajo, al desconocimiento de lo que ese álbum dirá de ellos – todos los premios grandes- repetirlo tiene un mérito doble, triple, infinito, algo solo al alcance de muy pocos. Altarriba y Kim lo han vuelto a conseguir. Han rizado el rizo. Han firmado una segunda obra maestra para disfrute de los que nos emocionamos con las viñetas y los bocadillos. Y algo nos dice que nuestro premio es insuficiente para tanto mérito. Esperamos que así sea.

Premio DIVULGACIÓN DEL CÓMIC

Álvaro Pons

Resumir en unas breves líneas la contribución de Álvaro Pons en el terreno del cómic (tebeo, novela gráfica, manga) es siempre una tarea compleja. Ha colaborado como ensayista y crítico en fanzines, revistas, periódicos, publicaciones y webs especializadas. En algunas lo sigue haciendo en la actualidad. Desde el fanzine El Maquinista, pasando por Imágenes, Guía del Cómic o Dolmen (la revista germen de la editorial). Colaboró en dos libros sobre Alan Moore y Neil Gaiman y creó el blog La Cárcel de Papel, su website oficial hasta hace poco. Ha participado en congresos sobre cómic y es un habitual de las jornadas universitarias alicantinas (Unicomic).

Como ensayista publicó el libro Viñetas de Valencia, historia del tebeo valenciano (De Ponent edicions) y ha sido artífice como Comicsario de exposiciones en Angouleme (2012) sobre el tebeo español y, más recientemente, en VLC Valencia Linea Clara en el IVAM o Prehistoria y Cómic (Museo de Prehistoria de Valencia – Centro La Beneficiencia).

Sigue colaborando con La Cartelera Túria, La hora del bocadillo (Radio 3) o el periódico El País, por citar algunos.

Afortunadamente para la buena salud del cómic patrio, no somos los primeros en reconocer su trabajo en este terreno. Anteriormente ha recibido el agradecimiento por su labor en UNICOMIC y el Salón Internacional de Barcelona – en el que él ha estado más veces que nosotros en el Carrefour de Sagunto- , así como otros premios de medios de comunicación.

En un año especialmente jodido para Álvaro en el terreno personal –la pérdida de Paco Camarasa o Micharmut, por poner dos ejemplos muy cercanos a él- nosotros queremos darle algo de cariño y animarlo para empresas futuras.

Premio HUMOR GRÁFICO

Luis Bustos

Luis Bustos (Madrid, 1973) comenzó su carrera profesional a mediados de los años noventa del siglo pasado, primero en el pequeño sello editorial Malasombra, donde realizó La riñonera de Chewbacca (1996) –con guion de David Muñoz– y Radio interferencias (1996). Ese mismo año apareció también la serie de tres cuadernillos Rayos y centellas, de nuevo con guion de Muñoz y bajo el sello de Camaleón Ediciones. Hasta el final de la década, Bustos continuó realizando historias cortas para diversas antologías del sello Under Cómic y dibujó los últimos números de la serie Tess Tinieblas, guionizados por Miguel Chaves y editados por La Factoría de Ideas. Su puesta de largo llegó con Residuos (Glénat, 2004), un álbum de formato francés donde convirtió en imágenes las ideas de Muñoz y Antonio Trashorras y donde ya se pueden identificar –al margen de su extraordinaria versatilidad gráfica– las coordenadas estilísticas que lo caracterizan a día de hoy. El dibujante daría buena muestra de su talento para el humor realizando la serie Zorgo como autor completo. Zorgo contó con dos álbumes publicados en 2008 y 2009 por Dibbuks, que reuniría ambos tomos en un integral en 2013. En 2009, da un nuevo salto cualitativo y cuantitativo en su carrera con la realización de Endurance, una novela gráfica de gran extensión que narra la epopeya de Ernest Shackleton en la Antártida y que publicó Planeta, que realiza una nueva edición de lujo a finales de 2014. También en 2014 aparece Versus, su segunda novela gráfica, donde ahonda en los entresijos del alma y la voluntad humana y vuelve a sorprender recurriendo a una impresionante batería de recursos narrativos. Además, el dibujante ha colaborado en las revistas El Manglar, Nosotros Somos Los Muertos, El Jueves (en colaboración con John Tones) o Mister K, entre otras, y colabora desde sus inicios en la revista digital Orgullo y Satisfacción. Ha participado en el número colectivo “Qué es el humor” de OYS, publicado por Caramba Ediciones.
Fuente: Entrecomics.

Premio Entender el presente

Isaac Rosa y Cristina Bueno

Isaac Rosa es uno de los escritores más comprometidos de su generación con las causas sociales. Y no hay pocas en nuestro depauperado país. En sus colaboraciones con Eldiario.es., La marea, Orgullo y Satisfacción; o en sus libros de relatos, Compro oro o El puto jefe, La vergüenza de los desahucios, una injusticia que revela, como pocas, la estrecha relación entre banca y poder, al pasarse por el forro una Directiva que otorga al desahuciado la posibilidad de la “dación en pago” por su deuda inmobiliaria.
Cristina Bueno (Barcelona, 1983) es la joven autora que ha plasmado y hecho suyo este crudo tema que a tantas familias y personas ha perjudicado hasta la fecha. Con un blanco y negro apoyado por un suave verde, Cristina nos transporta a un barrio de vecinos, a una finca, a una casa en concreto donde se han producido los hechos que narra “Aquí vivió. Historia de un desahucio” (Nube de Tinta Ediciones, 2016).

Alicia es una pre-adolescente que ha sufrido la ruptura conyugal de sus progenitores y ahora vive con su madre en un nuevo piso, una casa en la que fueron desahuciados sus anteriores dueños. Alicia emprende una investigación personal para saber quién vivió allí y qué es lo que pasó realmente a raíz de encontrar un diario secreto.

Rosa y Bueno acometen esta historia compleja de sacudidas vitales con una serie de personajes serenos, gente que intenta recuperar la normalidad de la vida y que, pese al estrangulamiento económico, se levanta por las mañanas con la fuerza y dignidad necesarias para emprender el difícil arte de vivir.
Se siguen ejecutando miles de desahucios, los medios de comunicación e incluso los propios afectados, ajenos a las P.A.H, buscan el anonimato, la invisibilidad, todo para evitar la vergüenza pública, como si fueran culpables de algo que en realidad es una injusticia, una trampa diabólica que ha dejado muchos cadáveres en España.

Isaac Rosa y Cristina Bueno hacen los posible para darle visibilidad a este drama humano que también tiene su esperanza en las gentes de la PAH, que se unen para luchar y demuestran, una vez más, que las cosas se cambian enfrentándose a la bestia cara a cara, con la cabeza alta. Un cómic necesario y valiente.

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